lunes, 9 de noviembre de 2020

Arenas, recuerdos y tiempo

 

Y en alguna parte de nuestra memoria todos tendremos a alguien que amamos demasiado como para olvidarle, pero también demasiado como para mantenerle cerca, y recordaremos aquel día en el que aprendimos que hay personas que pueden permanecer en nuestro corazón, pero no en nuestras vidas.

Nuevamente tuve esa extraña sensación de tener totalmente presente aquellos días que son parte de un pasado definitivo e irrecuperable, y en eso se me han ido las semanas como si aquello que me puediese ofrecer el futuro ya no tuviese tanto valor.

El amor debiese ser un vínculo sencillo, un enlace profundo y un paisaje de calma, como un suspiro que se teje junto a la brisa marina cuando observamos la inmensidad del horizonte, debería ser parte de algo armónico que nos recuerde de forma amable que estamos vivos, o al menos eso creía.

Cuando la alegría de lo cotidiano es compartida junto con la felicidad, entonces el tiempo se puede medir por las risas que has tenido, en eso se te pueden ir los días hasta olvidar que gran parte de todo eso se marchará, y que incluso las personas harán lo mismo, no hay nada que hacer al respecto.

Nuestros corazones sufren cuando deseamos hacer más de lo que podemos, tal como lo haría nuestro cuerpo intentando llevar un peso que le supera, y al respecto solo deberíamos resignarnos y seguir adelante, movernos y olvidar, ¿O acaso hay algo más por hacer?

Dejamos de existir cada vez que nos despedimos para siempre de alguien amado, algo de nosotros se queda, pero parte de nosotros no regresa nunca, pues se marcha junto al aroma y la vibración perdida que su voz nos traía, y luego nos queda una soledad inabarcable y días a los que le sobran horas y les falta contenido.

El tiempo sigue corriendo, su arena se acumula en el patio de la memoria y no hay viento que pueda removerlo, con el riesgo de morir sofocados solo nos queda cambiar de hogar, dejar de mirar a aquello que no volveremos a tocar, antes de que no tengamos espacio para el peso de tantos recuerdos al grado de olvidarnos de nosotros mismos, al grado de que en nuestras manos solo nos quede un sentimiento que no alcanza.

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