He pensado mucho en lo pasajero de las cosas, en
cómo aquello que parece ser capaz de cambiar mi vida para siempre eventualmente
terminará desapareciendo, y al final del día, como en la mayoría de mis
vivencias, me quedaré con las manos vacías.
En realidad, el problema vino cuando el aprendizaje
de mis experiencias dejó de ser suficiente recompensa, y en definitiva llegué a
la etapa en que una mano, un abrazo, una palabra amable a diario, que no
desapareciera, era lo que realmente necesitaba.
Con el tiempo he aprendido a conectar con la gente,
y quizás esté en la etapa de mi vida donde más consciente soy de cuánto quiero
y cuánto quiero acercarme a personas que son importantes para mí, he llegado a
decir palabras que había olvidado que podía decir, he llegado a querer de una
forma que no era capaz de imaginar y mucho menos entender.
Dicho todo esto, sigue preocupándome el ir y venir
de las cosas, y en si acumular tantas emociones tiene sentido, cada cierto
tiempo me pregunto si para la otra persona la importancia y la impresión del
tiempo que vivimos juntos es la misma, tengo la sensación de que nunca o casi
nunca ha sido así, y recordando las veces que no ha sido así es que me siento
profundamente solo.
No es fácil de aceptar, pero incluso si el vivir
algo que sucederá una sola vez en la vida no garantiza nada, aun
habiendo vivido lo suficiente como para entender eso, no debería perder de
vista lo que estoy sintiendo o creyendo, tal vez hay cosas finitas que vale la
pena conocer, tal vez en estos viajes encuentre plenamente aquello por lo que
siempre he preguntado, o tal vez ya lo tengo a mi lado.

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