Justo a medianoche, como estrellas de invierno, fueron
presas del silencio, tus ojos que escondieron su destello,
y hojas, como corriendo de un punto otro, se agitaron,
cuando el viento logró saludarme desde tus cabellos.
Atrapados de súbito por su ritmo, nos encontró este mundo
sin apenas poder vernos, el uno junto al otro nos tomamos,
y nos reímos tan aceleradamente por encontrar lo perdido,
que nos perdimos entre mares de los que no regresamos.
Antes de conocernos nos quisimos, entre palabras escondidas,
pude llegar a escucharlo, pues al respirarte atrapé a mi pasado,
recordado, tomó una forma en la que pude incluso abrazarle,
que cuando me nombraste el nombre mío se hizo mi aliado.
El viento cargó nuestras plegarias desde días tan lejanos,
que hasta volvernos cercanos se agitó con nostalgia,
y ahora pareciera que se alza en euforia, y descansa,
tras saber que nuestras pieles se tuvieron mutuamente.
Entre lagunas silenciosas apenas dos voces ondean libres
bajos árboles amables, dormiría a tu costado, sonriente,
en la frescura de aquella brisa que suspira por nosotros,
que nos llevó nuestros nombres cuando estuvimos lejos.
Siendo más que nada el amor que no se ha perdido,
si te pienso, es como si el sol me tocase en media noche,
mientras ilumina otros campos que no llegan a mis ojos,
que te quieren para sí, y se abren, si acaso creen encontrarte.
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