martes, 6 de septiembre de 2016

Antes de que se torne oscuro

Y me quedo absorto, absorvido al deseo
de tenerla en mí, donde tengo sus huellas
y me siento perdido, en mis ojos no veo
un reflejo de algo que no me hable de ella.

Y desde ella me muero rasgado en mis entrañas
si más no la pudiera ver, no querría ver más nada,
sin ella la vida se me arrastra a orillas extrañas
donde mi alma desconoce y se siente desterrada.

¿A qué vienen esos recuerdos fríos, memoria mía?
fríos cuando me tocan en el ardor de su momento
mientras mi dolor parece tener solo una vía
en la cual transito andando a paso tan lento.

Pequeña, dime, ¿Qué es el por siempre desde ahora?
si la vida y el por siempre del que hablamos aquel día
parecen tan volubles como el paso de las horas
tanto más ahora que el sueño eterno yo querría.

Despídeme, arrójame al sol o aquel por siempre usa
con connotación eterna de un adiós perentorio,
que el tiempo toma mis pensamientos y los abusa
y de defensas o cubiertas ya no tengo repertorio.

Y me dirán, lo sé, que la vida seguirá su rumbo,
pero cuando todo lo que conoces como vida ya no es una,
cuando intentando escalar las paredes más bien las derrumbo,
me dejo caer hacia un fondo donde me resigna mi fortuna. 

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