miércoles, 9 de septiembre de 2015

IV I


De la nada y porque sí, así fue como yo sentí que la amaba sin poder huir, podría buscar justificación en cosas menores, como el brillo de sus ojos cuando algo le encanta, o su sonrisa que paraliza el tiempo y aun así se me hace insuficiente. La conozco desde hace tanto, y a la vez desde hace tan poco, que todo lo que sé de ella se me hace escaso, aunque a penas logro manejar todos los pensamientos a los que me conducen sus detalles.

Su inteligencia es suficiente como para mantenerme atrapado por horas, resulta que mi atención va más allá de lo que nadie había logrado captar desde que fuese muy niño, cuando me deslumbraba con mucho menos, y por la riqueza de su pensamiento, me siento más consciente que nunca a su lado.

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