Si abro mis ojos mientras veo que te arropas,
te siento lejana al mundo, como protegiéndote,
sin salpicarte de su maldad, te llenas de ti misma,
y te ves bien incluso cuando el viento arrecia.
Si levantamos la mirada frente a un frío cruento,
tu sonríes, y me abrigas con ello, lentamente,
me siento lejano a lo real y su paso lento
de maldades, de soledad y de lamento.
Si veo mi realidad enlazado en tus brazos
las alegrías dejan su sabia con dulce paciencia
regocijándonos el uno sabiendo del otro
en la calma dada por la mutua conciencia.